La reforma judicial que Venezuela no puede ignorar para volver a la República

Sin jueces independientes, no hay equilibrio ni paz social

Venezuela enfrenta una verdad incómoda: la independencia judicial no es un lujo, sino la base de cualquier estabilidad política y económica.

El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) debe ser el árbitro, no un brazo político. Pero en los últimos años, se convirtió en un instrumento para perpetuar el poder ejecutivo, ignorando la Constitución y secuestrando al Estado de Derecho.

¿Por qué esto cambia todo?

Tras la salida de Maduro y con un gobierno interino, reconstruir el Poder Judicial no puede ser un discurso vacío. Hay que revisar cómo se nombraron los magistrados. La opacidad, incumplimiento de requisitos constitucionales y nombramientos políticos deterioraron la confianza y la legitimidad de la justicia.

¿Qué viene? Un cambio estructural: un sistema de selección transparente, con participación real de universidades, colegios profesionales y sociedad civil. Sin eso, no habrá justicia neutral, sino otro instrumento político.

Rebajar el poder discrecional del Ejecutivo es clave

El marco legal se diseñó para concentrar poder y limitar derechos, con leyes imprecisas que restringen la libertad y amplían la arbitrariedad estatal. Sin revisar esas normas, cualquier reforma judicial será sólo maquillaje.

Revisar con rigor leyes como la que combate la delincuencia organizada y la ‘Ley contra el Odio’ es indispensable para frenar la criminalización del disenso y la persecución política disfrazada.

El desafío es doble y urgente

  • Reconstruir un Tribunal Supremo auténticamente independiente y profesional.
  • Reformular el marco legal para garantizar derechos reales y limitar excesos.

Esto último no es una opción, sino la única vía para recuperar seguridad jurídica e invertir en el país. Sin independencia judicial y un sistema legal justo, no habrá avances reales.

Un paso vital para la estabilidad venezolana

La reforma judicial debe incluir un ejercicio de evaluación institucional serio, sin revancha, pero con responsabilidad y normalidad jurídica. Es el mínimo para reconstruir una República que funcione.

Porque la realidad es clarísima: sin jueces independientes no hay República. Eso no lo verás en el discurso oficial, pero es el paso que define el futuro de Venezuela.

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