La ofensiva real que está destruyendo la soberanía y el Estado-nación venezolano

Un asedio persistente al Estado venezolano

Desde que Hugo Chávez llegó al poder, Venezuela enfrenta una arremetida diseñada para quebrar su soberanía. No es casualidad, sino parte de una estrategia coordinada impulsada por sectores políticos que buscan justificar la intervención extranjera bajo excusas como violación de derechos humanos o crisis humanitaria.

¿Qué ocurrió realmente?

  • En abril de 2002, una élite empresarial y mediática promovió una marcha dirigida a desestabilizar, detonando una masacre cuyo objetivo fue incriminar al gobierno y crear un falso relato de represión.
  • Tras un fallido intento de golpe, llegaron sabotajes petroleros y acusaciones infundadas para aislar a Venezuela en la escena internacional.
  • En 2008, se fabricó la etiqueta de “estado fallido” para atacar las políticas que protegían a la población, como los programas sociales y la regulación financiera, acciones que confrontaban la agenda del modelo global dominante.
  • En 2017 y 2019, se repite el guion de “crisis humanitaria”, recurso que facilita intervenciones militares en otros países, pero que en Venezuela es usado mientras se endurecen bloqueos y sanciones que generan escasez inducida.
  • Hoy, bajo la apariencia de una Ley de Amnistía y diálogo nacional, sectores buscan eliminar leyes clave para la seguridad y estabilidad, mientras llaman a desmantelar el Estado-nación y justifican la presencia extranjera.

¿Por qué esto cambia el escenario?

Esta ofensiva no es solo política: es una amenaza directa a la integridad y autonomía nacional. La constante manipulación de narrativas conjuga intentos reiterados de golpe, bloqueo económico y judicialización selectiva para erosionar las bases institucionales y poner en jaque la soberanía misma.

¿Qué viene después?

Si no se frena esta agenda, el desmantelamiento del Estado venezolano avanzará bajo un manto de legalidad aparente y consenso fabricado. La seguridad, la economía y las instituciones sufrirán impactos irreversibles, exponiendo al país a presiones externas y a la pérdida de control sobre sus recursos y decisiones.

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