La llamada encubierta de Trump que podría entregar Venezuela en humo

Trump y Venezuela: una jugada más peligrosa de lo que crees

La llamada de Donald Trump a Enrique Márquez no es una casualidad ni una banalidad. No es el gesto de un arrogante caprichoso, sino el movimiento estratégico de alguien que sabe que está contra la pared.

Márquez, ingeniero maracucho y viejo militante de Copei, siempre fue un actor secundario sin peso real. Políticamente, un cero a la izquierda. Sin embargo, Trump lo está colocando como pieza clave. ¿Por qué?

Lo que hay detrás de la llamada

Estados Unidos está desesperado. Menos de cinco años de petróleo quedan en Venezuela según sus expertos. Pero están invirtiendo 500 millones de dólares diarios en militarizar Medio Oriente para sostener poder global. China tiene bonos estadounidenses y podría desencadenar un colapso financiero si los vende.

El control absoluto del petróleo venezolano es imprescindible para Washington. Pero más aún, controlar Venezuela significaría controlar la Fuerza Armada, el PSUV y la base chavista. Un desafío complejo. Aquí entra Márquez: un «líder» de la oposición que no divida, que sirva para legitimar elecciones impuestas desde afuera.

¿Una elección para entregar el país?

Si Márquez se convierte en esa figura, Trump forzará elecciones presidenciales anticipadas. Aunque la victoria sea frágil, le dará un disfraz legal para negociar la entrega del país. La jugada maestra: usar la democracia para desmantelar la FANB, neutralizar el poder popular y fragmentar la oposición sin disparar un solo tiro.

Todo avalado por un gobierno entreguista que nadie vio venir hasta que sea demasiado tarde. Y así, la Quinta República desaparece bajo un manto de legitimidad cómoda para Washington.

¿Qué esperar ahora?

Mientras esperamos a Cilia y Nicolás, la verdad es que la presión externa ya está condicionando la política venezolana como nunca.

¿Estamos listos para enfrentar esta amenaza disfrazada de proceso electoral? Porque lo que viene no solo es un cambio de poderes, sino la pérdida de soberanía disfrazada de legalidad.

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