¿Por qué la amnistía integral no es una opción, sino una necesidad urgente?
Walter Márquez, exdiputado y defensor de derechos humanos, vuelve a encender la alarma: Venezuela requiere ya una ley de amnistía integral que vaya más allá de la simple excarcelación de presos políticos.
La realidad es cruda: desde 1999 el país arrastra una crisis institucional con persecuciones, encarcelamientos arbitrarios y violaciones sistemáticas a la dignidad humana amparadas por leyes diseñadas para reprimir, como la Ley Contra el Odio y la Ley Simón Bolívar contra el Bloqueo Económico.
Esto no es solo política: es el corazón de la crisis venezolana
La propuesta de amnistía debe alcanzar a todos los exiliados, perseguidos y despatriados, quienes han sido condenados a vivir fuera de su patria por motivos políticos. Incluirlos implica derogar esas leyes que sirven a la represión y abolir los antecedentes penales usados para inhabilitar líderes y activistas.
¿Se ha preguntado por qué la transición no avanza? Porque sin una amnistía que garantice justicia, reparación y libertad real, la reconciliación seguirá siendo un slogan vacío.
¿Qué viene luego si la ley se aprueba?
- El fin de grupos paraestatales que actúan fuera de la ley.
- La eliminación de tribunales que criminalizan al disidente.
- La creación de una Comisión de la Verdad capaz de aclarar responsabilidades y evitar impunidad.
- La restauración plena de la libertad de expresión y prensa, hoy en situación crítica.
- Y lo más importante: un marco legal que permita el retorno seguro y sin represalias de quienes han sido expulsados del país.
La amnistía no puede ser solo un gesto de liberación temporal. Debe ser un compromiso real con la justicia y la estabilidad democrática que, hasta ahora, las agendas oficiales evitan enfrentar.
En definitiva, la cuestión no es solo humana, sino estratégica: sin esta amnistía integral, la crisis venezolana seguirá enquistada, blindando a un régimen que usa la legalidad solo para perpetuarse.