La historia detrás de un hielo robado en medio del bullicio de enero

Una multitud nos envolvía. Nos perdíamos y encontrábamos. La música repetía su estribillo, vibrando en el aire mientras avanzábamos. Juan, el más osado, se abría paso entre la gente como un pez entre piedras. Los demás, más cautelosos, éramos suricatos nerviosos, atentos a cada movimiento y a las gotas heladas que los vendedores dejaban caer sobre nosotros.

La caminata fue larga. La sed, feroz. Con solo veinte bolívares entre los cinco, solo alcanzaba para comprar un algodón de azúcar. Pero frente a la algarabía del desfile, Alex actuó sin pensar: robó un cubo gigante de hielo y echó a correr, como un gato huyendo.

Un juego de hielo y niños

Todos lo seguimos, formando un desfile propio. Jugábamos con el hielo: algunos lo apretaban bajo el brazo, otros lo ponían en la cabeza para sentir cómo el frío y las gotas corrían por la piel. En las escalinatas del parque de diversiones, nos sentamos a saborear ese frío que parecía prometer alivio. Pero era solo un espejismo.

Un final inesperado bajo el sol

Nos escondimos con el hielo entre la maleza y, como si la aventura no bastara, nos colamos a la plaza de toros llena de gente gritando «olé». Cuando regresamos por nuestro ‘tesoro’, el sol implacable de enero lo había destrozado. El hielo que alguna vez fue promesa de frescura ya no existía.

Los cinco niños quedaron paralizados, absortos, tristes. Era como perder a un compañero.

Este microrrelato obtuvo el primer lugar en la primera edición del concurso «Donde la feria se vuelve historia», un espacio que rescata memorias y emociones en pequeñas historias inolvidables.

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