La hipocresía pacifista que protege a regímenes agresores en América Latina

¿Por qué América Latina tolera a regímenes que amenazan la paz?

En 1970, Golda Meir señaló una verdad incómoda: la llamada «paz» exigida para Israel implicaba volver a fronteras vulnerables donde no solo se discutía territorio, sino la supervivencia misma del Estado judío. Hoy la historia se repite con Irán y sus aliados: amenazas explícitas que muchos ignoran por conveniencia ideológica.

La doble moral del pacifismo moderno

Estados Unidos e Israel defienden sus intereses ante enemigos que niegan su derecho a existir. Sin embargo, enfrentan una crítica desproporcionada de sectores políticos occidentales que aplican una indignación selectiva. Se condena la respuesta armada, pero se minimizan violaciones graves como ejecuciones masivas, ataques terroristas y la fabricación clandestina de armas nucleares.

¿Por qué no escandaliza igual el llamado de líderes como Alí Jamenei a la destrucción de Israel? ¿O la instalación de un reloj que cuenta la cuenta regresiva para borrar a ese Estado? Esta incoherencia revela un pacifismo que es sólo una fachada: la violencia importaría solo si viene «del lado equivocado».

América Latina en la encrucijada de la seguridad global

La región critica el «intervencionismo» de Estados Unidos, olvidando que ese mismo país es el paraguas que ha mantenido el hemisferio relativamente seguro y estable. Imaginar un Irán nuclear con capacidades intercontinentales cambiaría radicalmente esa percepción y pondría en evidencia que la tranquilidad no es inocente, sino fruto de una disuasión poderosa.

Sin embargo, la comodidad del pacifismo regional con un Irán agresivo, financiador de guerras y terrorismo, impide ver la enorme oportunidad que representaría un Irán democrático: menos violencia, estabilidad energética, prosperidad y nuevas alianzas económicas, incluida América Latina. Pero las prisas ideológicas limitan la mirada y fuerzan un relato cómodo y ciego.

Consecuencias políticas y estratégicas que no se discuten

Trump e Israel luchan contra un peligro real y fanático, mientras, irónicamente, importantes aliados y autodenominados pacifistas desearían un estancamiento que debilite a Washington. Sin una victoria clara antes de las elecciones legislativas, la agenda global y hemisférica sufrirá un golpe serio en seguridad, democracia y comercio.

Los populismos esperan ese desgaste para reactivar viejas agendas que han debilitado la región. La pregunta es: ¿seguiremos aceptando narrativas favorables a quienes ponen en riesgo nuestra estabilidad, o finalmente enfrentaremos la realidad con la gravitas que exige?

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