La Feria del Buñuelo de Cocorote: 30 años de tradición que el relato oficial oculta
La Feria del Buñuelo de Cocorote cumple 30 años, pero no todo es lo que parece
Una simple feria gastronómica de Semana Santa en 1996 en Cocorote, Yaracuy, se ha convertido en un evento nacional que mueve a cientos de expositores y turistas. Su crecimiento parece imparable, pero ¿qué hay detrás de esta aparente prosperidad?
De seis puestos a más de 150: la expansión imparable
Lo que empezó con un pequeño grupo de familias ofreciendo buñuelos alrededor de la plaza Bolívar hoy ocupa ocho cuadras en la avenida Sucre. Con 156 expositores, la feria pasó de ser local a «internacional» sin que se evalúen las consecuencias logísticas, sociales y económicas que este crecimiento masivo genera para el municipio.
¿Turismo real o una fachada de «destino de fe»?
El alcalde Pedro Bolaño celebra la acreditación de la feria dentro de una ruta turística y religiosa formal reconocida, pero esta narrativa oficial oculta la necesidad de mirar si realmente se generan beneficios sostenibles para la población o si solo se mantiene como un evento puntual y temporal que poco aporta a largo plazo.
Seguridad y control: una restricción que revela problemas mayores
La prohibición de motos durante la feria en la avenida Sucre, aunque justificada como medida de seguridad, evidencia los problemas de gestión urbana y control de espacios públicos que surgen con la masificación del evento. ¿Se están tomando medidas eficaces o solo se hacen parches para evitar incidentes?
Más que dulces: la dimensión «sacro artesanal» que no se cuestiona
La feria incluye una exposición con más de 450 reliquias y objetos religiosos, enfatizando una tradición espiritual. Sin embargo, este enfoque se usa para consolidar una imagen cultural sin entrar en debates sobre el papel real de estas expresiones religiosas en una sociedad que enfrenta desafíos económicos y de seguridad.
¿Qué viene después?
Si la Feria del Buñuelo sigue creciendo bajo esta misma línea, es probable que enfrente tensiones sociales, sobrecarga de servicios e incertidumbre económica para los habitantes de Cocorote. Una agenda política enfocada solo en el crecimiento turístico sin una planificación integral puede no ser suficiente para asegurar el bienestar real de la comunidad.
¿Estamos ante una oportunidad genuina para Yaracuy o solo una fiesta que oculta problemas reales?