La farsa tras la ‘estabilidad’ en Venezuela: silencio forzado y presos secuestrados

¿Qué significa la ‘estabilidad’ que nos venden?

El caso de Juan Pablo Guanipa, obligado a prisión domiciliaria por atreverse a decir la verdad, y el de Perkins Rocha, exjuez que abandona la cárcel con un grillete, muestran que en Venezuela la ‘libertad’ es solo una ilusión.

El régimen de Nicolás Maduro, acusado por narcotráfico en EE.UU., mantiene a la mayoría de presos políticos, especialmente militares, como rehenes de un juego de poder que busca conservar el miedo y el control.

¿Por qué esto cambia el escenario político?

La pretendida ley de amnistía, aprobada sin expectativas reales, no es más que un gesto vacío. Diputados del régimen y su oposición funcional la usan para simular apertura, mientras perpetúan la persecución y siembran divisiones.

Esta estrategia busca atrapar a las víctimas y sus familias en una falsa reconciliación que, en realidad, valida la impunidad y al sistema despótico que destruyó Venezuela.

¿Qué podemos esperar a continuación?

  • La llamada «estabilización» no es más que la continuidad del silencio impuesto, sin reformas reales ni justicia.
  • El exilio de líderes como María Corina Machado y Edmundo González Urrutia refleja el bloqueo a cualquier intento de reintegrar a quienes huyeron del país.
  • Un parlamento controlado por figuras vinculadas al régimen simula diálogos para proteger intereses petroleros y evitar la verdadera democracia.
  • La Fuerza Armada, debilitada y dividida, sigue sin asumir su rol constitucional y permite la permanencia del narcoterrorismo.

Esto no es estabilidad, es control despótico disfrazado

El régimen y sus aliados internacionales priorizan mantener un statu quo que beneficia a sus negocios. La verdad es que los venezolanos quieren otra cosa: vivir en libertad y seguridad, recogiendo los frutos de la soberanía que les arrebataron.

La llamada comunidad internacional y ciertos actores nacionales parecen olvidar que la llevaron a esta crisis y que el único futuro viable exige purificación, verdad y justicia.

La reciente exhortación de los obispos venezolanos lo resume: la dignidad humana y el respeto al pueblo como base del progreso pacífico. Ignorar esto es perpetuar un drama que ya tiene nombre: la estabilización del silencio.

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