La Cuaresma que ocultan: ¿Carnaval de caos y traiciones culturales?

¿Estamos celebrando un Carnaval cuando debería reinar la Cuaresma?

Un joven poeta salvadoreño de 26 años captura con sus versos la esencia profunda de la Cuaresma: un tiempo de recogimiento, ayuno y reflexión, legado ancestral que se repite en las Escrituras con el número 40 marcado como símbolo de purificación y prueba.

Sin embargo, nuestro presente dista mucho de ese camino. Hoy vivimos un tiempo donde la cultura del esfuerzo y la responsabilidad se diluyen ante una agenda política que impulsa un desconcierto social disfrazado de progreso.

El escenario: una Cuaresma convertida en un grotesco Carnaval

  • Las manifestaciones religiosas y tradiciones se vuelven invisibles frente a una aceleración comunicacional que promueve el olvido de estos valores.
  • Grupos ideológicos que antes decían defender a los trabajadores ahora se arrodillan frente a quienes amenazan nuestro modelo cultural.
  • Se legitima la barbarie contra la mujer, y personajes públicos defienden regímenes autoritarios mientras condenan a quienes luchan por libertad y dignidad.
  • En países como Venezuela, la corrupción y la violación de la ley se imponen sin consecuencias, mientras cómplices ideológicos justifican las peores arbitrariedades.
  • Políticos y dirigentes que debieran proteger las instituciones participan en esta simulación decadente, tapando abusos y perpetuando la crisis moral.

¿Qué nos espera si seguimos esta senda?

La confusión actual no es un accidente. Es la consecuencia de décadas donde la identidad cultural y la legalidad han sido socavadas por propuestas que dividen en lugar de unir, y que minimizan el valor de la responsabilidad individual y colectiva.

Si no recuperamos el respeto por los fundamentos que han sostenido nuestras sociedades, seguiremos en un Carnaval sin fin, un escenario donde el caos y la impunidad toman el protagonismo y las instituciones quedan rehenes de quienes las destruyen desde adentro.

En palabras del poeta Javier Fuentes: “Entro al agua con la esperanza / de verme al otro lado del perdón”. Hoy esa esperanza es también la urgencia de rescatar nuestra identidad y revertir este rumbo de descontrol.

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