Una conexión prohibida en medio del cerro
Todas las noches, familiares de presos políticos en El Rodeo I arriesgan más que palabras. Suben un cerro próximo al penal para intentar comunicarse con los internos, desafiando un régimen que limita las visitas a apenas 15 minutos tras un vidrio.
El ritual del “Oído”: más que una llamada
Con velas y voces entre la vegetación, gritan “Oído” y reciben un eco que confirma vida y condiciones. Sin contacto visual ni comunicación oficial, esas breves palabras son el único vínculo real entre cautivos y familias.
¿Qué revela esta comunicación informal?
Los presos no solo piden libertad, denuncian violaciones sistemáticas a sus derechos y exigen acciones concretas, mientras familiares llevan noticias políticas que los medios mantienen fuera del penal. La amnistía aprobada con bombo y platillo deja fuera a cientos, y la cifra oficial oculta una realidad más cruda.
Lo que la “amnistía” no cubre
223 liberados y miles con medidas cautelares, pero alrededor de 568 presos políticos siguen presos. Entre ellos, extranjeros como el gendarme argentino Nahuel Gallo, señalado en huelgas de hambre y reclamos que alcanzan a la comunidad internacional.
Las consecuencias de un silencio impuesto
El aislamiento forzado no frena las protestas internas ni los llamados de auxilio a la Cruz Roja y la ONU. Este ritual nocturno demuestra que la presión social y política no desaparece con números oficiales maquillados.
¿Qué sigue para Venezuela?
Mientras el Estado limita y controla la comunicación, el descontento crece dentro y fuera del penal. Este ritual informal puede ser el presagio de nuevos focos de resistencia que pondrán a prueba el verdadero alcance del poder y la postura internacional.