La amnistía que encubre la impunidad del poder
El poder cambia el guion pero no la verdad
Primero negó la existencia de presos políticos. Luego justificó la represión como necesaria para «la estabilidad». Ahora ofrece amnistía, como si con un gesto legal pudiera borrar años de persecución.
Por qué esta amnistía no es lo que parece
No se trata de un reconocimiento del conflicto político ni de un compromiso por reparar abusos. Es una maniobra para administrar el cierre del problema sin tocar las bases que permitieron violar derechos. La libertad pasa de ser un derecho a una concesión limitada, mediada por la conveniencia del poder.
La paradoja es clara: fueron invisibles como presos políticos y ahora son visibles solo como beneficiarios selectivos de un perdón táctico. La amnistía excluye a ciertos actores clave, un mensaje político duro que define límites claros a la reconciliación.
Lo que viene y debería preocupar
- Sin reconocimiento ni reparación real, se perpetúan las prácticas violatorias.
- La justicia se reduce a un cálculo político, no a un deber con las víctimas o la sociedad.
- La institucionalidad sigue erosionada mientras el poder decide quién merece olvido y quién castigo.
¿Seremos testigos de una real transformación o de un maquillaje para sostener el statu quo? La respuesta está lejos de ser un gesto legal: depende de la verdad que nunca llega y de la responsabilidad que el poder no quiere asumir.