Keiko Fujimori y López Aliaga en empate técnico: la derecha dividida pierde terreno

Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga empatan en intento de voto presidencial

Una encuesta reciente muestra a Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga casi cabeza a cabeza, con solo un punto porcentual de diferencia, por el primer lugar en las elecciones presidenciales en Perú.

Pero ese empate no es solo una cifra: evidencia la fractura de un sector político clave y la pérdida de consolidación frente a un frente inesperado, el izquierdista José María Balcázar, cuyo ascenso se explica justamente por estas divisiones vertiginosas en la derecha.

¿Qué pasó?

  • López Aliaga cayó 2 puntos porcentuales en un mes, mientras Fujimori subió 2.
  • El conflicto interno se agudizó tras la destitución del congresista derechista José Jerí y la llegada de Balcázar, de izquierda, al poder interino.
  • A pesar de que ambos sectores derechistas respaldaron a una tercera candidata para evitar el avance de la izquierda, Balcázar ganó con un margen considerable, mostrando que la dispersión de la derecha tiene consecuencias inmediatas en las instituciones.

¿Por qué cambia todo esto?

La división pública entre Fujimori y López Aliaga – con acusaciones cruzadas y respaldo fragmentado – no solo erosiona su base electoral, sino que deja abierta la puerta a que un candidato de izquierda avance con apoyo disperso, beneficiándose de una derecha que no logra unidad ni claridad estratégica.

Mientras cerca del 50% del electorado permanece indeciso o no apoya a ningún candidato, la derecha pierde tiempo en conflictos internos cuando debería consolidar un bloque sólido para defender la estabilidad política y económica del país.

¿Qué viene?

La fragmentación actual sugiere que, si la derecha no logra un acuerdo rápido, el escenario para junio puede ser más incierto, con un crecimiento plausible de la izquierda o de candidatos que no representan garantías claras para la estabilidad.

Esta pugna no es solo electoral. Es un reflejo de que sectores políticos clave aún no entienden que la división interna puede costar el control del país.

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