Jorge Rodríguez blinda la Ley de Amnistía y rehúye su responsabilidad
El presidente del parlamento pintó la Ley de Amnistía como un paso hacia la «paz duradera» y el «respeto mutuo». Pero su discurso no dice todo.
Sin dar tregua, acusa a «personas extremistas» de manipular y mentir, sin señalar quién llevó al país a la crisis más grave de su historia. Ignora que los presos amnistiados son precisamente consecuencia directa de su régimen y sus prolongaciones.
¿Por qué esta narrativa cambia el tablero político?
Rodríguez habla de víctimas sin mencionar culpables dentro del poder actual. Habla de diálogo mientras su entorno intenta silenciar críticas con dinero y censura. Niega la existencia de presos políticos, una realidad que su mismo gobierno construyó y que afecta la legitimidad del régimen.
¿Qué viene después?
- La Ley de Amnistía se convierte en herramienta para limpiar la imagen oficial.
- El régimen mantendrá la narrativa de «extremistas» para justificar la crisis y evitar autocrítica.
- No habrá espacio para un debate real sobre responsabilidades ni justicia para las verdaderas víctimas.
Esta no es solo una ley, es la última jugada para reescribir la historia y perpetuar el control sin asumir consecuencias. ¿Estamos preparados para enfrentar esa realidad sin más distorsiones?