Entradas agotadas garantizadas, pero ¿a costa de quién?
Gianni Infantino anunció que los 104 partidos del Mundial de Norteamérica 2026 se jugarán con las entradas agotadas. La FIFA presume una demanda récord: 508 millones de solicitudes para solo siete millones de boletos disponibles.
Lo que no quieren que se hable
Aunque este dato impresiona, el precio de las entradas se ha disparado. Infantino justifica esa subida comparándolo con la repetición 104 veces del Super Bowl en un mes. Pero la realidad es simple: pocos podrán entrar al estadio sin pagar cifras desproporcionadas, especialmente en reventa.
El llamado «precio dinámico» encarece aún más las entradas según el partido. La «venta de último minuto» prometida suena más a un intento de controlar un mercado que ya se escapó de las manos oficiales.
¿Quién gana y quién pierde?
Infantino calcula 11.000 millones de dólares para FIFA, y un impacto de 30.000 millones en la economía US, con 185.000 empleos creados. Todo suena muy positivo, pero ¿qué tan sostenible es este modelo?
Esta masificación y costos exorbitantes arriesgan convertir el evento en un lujo para unos pocos y una carga para contribuyentes locales en seguridad, infraestructura y servicios.
El escenario que viene
Si el Mundial se convierte en un negocio cerrado entre la FIFA, reventas y sectores privilegiados, la pasión popular y el deporte como espectáculo podrían perder espacio. El éxito medido solo en dinero ignora el impacto en instituciones reales de gobernabilidad y justicia económica.
¿Seguiremos celebrando sin cuestionar quién realmente se beneficia de la «fiesta» del Mundial 2026?