Hermanos Guevara: La Amnistía que el Régimen No Quiere Cumplir

Justicia en Venezuela: simulacro y abuso institucional

En Venezuela, hay delitos que se investigan y otros que se «resuelven» con falsas confesiones y jueces complacientes. Los hermanos Guevara son el claro ejemplo de la segunda categoría.

Juan Bautista Guevara Rodríguez, Rolando Jesús Guevara Pérez y Otoniel José Guevara Pérez llevan más de 20 años presos por un caso que la Corte Interamericana de Derechos Humanos dictaminó como una farsa: desapariciones forzadas, torturas y un proceso judicial manipulado. La sentencia del 19 de enero de 2026 no es una opinión más, es una orden clara: liberación inmediata y reconocimiento del abuso estatal.

Un patrón repetido de impunidad y manipulación

El modus operandi es conocido: primero, la desaparición forzada; luego el silencio oficial; más tarde, la extorsión física y psicológica para forzar confesiones; y finalmente, la institucionalización del fraude judicial para amparar el abuso. No se trata solo de condenar a unos hombres, sino de enviar un mensaje a la sociedad entera.

En agosto de 2025, varias ONG denunciaron el traslado reservado y sin aviso de los hermanos Guevara, retratando un maltrato sistemático disfrazado de «procedimiento legal».

¿Libertad real o escenario político?

Desde enero de 2026, el régimen anunció excarcelaciones como parte de una estrategia política para aparentar apertura y calmar tensiones. Sin embargo, estas liberaciones vienen con cadenas invisibles: restricciones para movilizarse, hablar o salir del país.

En este teatro, la liberación de los Guevara no debería ser una promesa o una negociación unilateral. Es una obligación legal y un mínimo acto de decencia.

El verdadero riesgo: la libertad como moneda de cambio

La cuestión no es si el Estado quiere liberarlos, sino si abandonará la práctica de usar la libertad como herramienta de presión política, a cambio de silencio y conformidad.

Excarcelar a los hermanos Guevara sin condiciones ni falsas promesas debe dejar de ser un episodio más del cinismo nacional. Su situación es la prueba tangible de un Estado que tortura para condenar.

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