Guayana Esequiba: La verdad que no te cuentan sobre nuestra soberanía robada
La batalla en La Haya que cambiará nuestro futuro
Este trimestre, Venezuela y Guyana enfrentan una cita clave en la Corte Internacional de Justicia. La cuestión: la devolución íntegra de 159.500 km² arrebatados a nuestro país mediante un laudo arbitrario, lleno de irregularidades y politiquería de la vieja escuela.
Lo que está en juego
No es solo una disputa territorial. Es la soberanía venezolana pisoteada desde hace más de un siglo que ahora busca justicia con pruebas históricas, jurídicas y cartográficas contundentes. Documentos irrefutables que confirman que esa tierra siempre fue venezolana.
Del otro lado, Guyana y su gobierno, con el respaldo tácito del Reino Unido, intentan consolidar un delito internacional disfrazado de «prescripción adquisitiva» —un intento burdo de legitimar el robo por el simple paso del tiempo, respaldado ahora por su aspiración de sentencias judiciales a su favor.
Por qué esta causa es de Estado y no un tema de gobierno
Este litigio supera cualquier administración o cambio político. Es una Política de Estado que exige unidad nacional sin parches ni divisiones. Solo el presidente, según la Constitución, tiene la facultad para designar a los representantes en La Haya, y debe hacerlo con asesoría experta para no repetir errores históricos.
El Acuerdo de Ginebra de 1966 es el único marco legal vigente que obliga a resolver esta controversia. Sin embargo, Guyana se ha negado sistemáticamente a la negociación directa y busca que la Corte dicte sentencia definitiva sobre un laudo manifiestamente nulo.
Lo que no te están diciendo sobre Guyana
El gobierno guyanés, en especial su presidente Irfaan Ali, actúa con arrogancia y soberbia. Mientras rechaza cualquier reclamo venezolano en la zona, continúa entregando concesiones a empresas multinacionales dentro del territorio en disputa. Este comportamiento revela que su estrategia no es negociar sino consolidar ilegalmente su dominio de facto.
¿Por qué vamos a la Corte y no a acuerdos?
Guyana quiso alargar la controversia para fortalecer su posición. La Corte aplica derecho, no arreglos políticos, y está en manos venezolanas presentar un caso sólido para revertir el despojo. No hay que temer: la justicia internacional tiene las herramientas para restituir lo perdido, siempre que Venezuela juegue con inteligencia y coraje.
Qué viene después
En las próximas audiencias, nuestro país debe imponer la verdad histórica y jurídica ante la Corte y evitar que Guyana construya una «cosa juzgada» que legitime el robo. Si logramos esto, el Esequibo podrá dejar de ser una herida abierta para convertirse en un símbolo de recuperación y firmeza nacional.
Esta disputa no es solo de diplomáticos; involucra la seguridad, la economía y la integridad de las instituciones venezolanas. Ignorarla sería ceder territorio y responsabilidad histórica. La atención nacional debe estar puesta en esta guerra silenciosa que definirá el futuro del país.