Guadalajara: cómo el narco construyó su reino y domina la ciudad clave de México
Guadalajara no es víctima, es sede y refugio del narcotráfico
El domingo pasado, la ciudad vivió un nuevo capítulo de violencia tras la muerte de El Mencho, líder del CJNG, grupo que convirtió a Guadalajara en su base estratégica.
Bloqueos, quema de vehículos y enfrentamientos paralizaron la ciudad. Vecinos como Mario, de Tlaquepaque, hicieron compras de pánico para protegerse: “Aunque la violencia bajó hoy, el miedo queda”, afirma. Pero este no es un caso aislado, es la consecuencia de 15 años de aceptación tácita y dominio del narcotráfico en la región.
¿Por qué Guadalajara? Una ciudad con doble rostro
Con entre 5 y 6 millones de habitantes, Guadalajara es un polo económico y cultural. Pero sus calles esconden una realidad distinta: mayor número de desaparecidos en México, fosas clandestinas y control narco extendido.
Su ubicación estratégica, cerca de estados como Sinaloa y Michoacán, la convirtió en la ruta natural y refugio del narcotráfico.
Históricamente, el CJNG y su antecesor, el cártel de Guadalajara, han impreso su presencia mediante violencia y sometimiento: asesinatos, torturas y paramilitarismo no son excepciones, sino parte del modus operandi.
El efecto El Mencho y qué deja la violencia
La captura o muerte de un capo suele generar olas de violencia. Lo ocurrido el domingo no fue distinto, pero el problema real no termina con un muerto.
Jalisco es el estado con más desapariciones en el país y una tasa de impunidad del 99% según la Universidad de Guadalajara. El narco opera con complicidad y blindaje desde algunos sectores políticos y cuerpos policiales, lo que permite que sigan operando sin freno.
La tragedia económica y social detrás del brillo y la cultura narco
Detrás del auge inmobiliario y el desarrollo tecnológico, el CJNG levantó un imperio de lavado de dinero que abarca ocho de cada diez negocios usados para este fin en México.
No es casualidad: hay entramados de corrupción y protección desde las élites locales. Distintas investigaciones vinculadas demuestran que tener poder político no garantiza seguridad, sino muchas veces protección a grupos criminales.
La “cultura buchona”, la ostentación y los barrios lujosos alrededor del narco, reflejan una realidad económica dura donde para muchos, aliado o enemigo del narco, esta es la única salida.
¿Y ahora qué? Guadalajara sigue en riesgo
No basta con eliminar un capo. La estructura que permitió al CJNG asentarse en Guadalajara sigue intacta.
El Mundial de 2026 pondrá a la ciudad en foco internacional, pero también será una prueba para las instituciones: ¿podrán controlar la influencia criminal o simplemente se mostrará el rostro real del poder paralelo?
La pregunta es clara: ¿seguiremos ignorando la profundidad del problema o tomaremos medidas reales para recuperar la ciudad y el estado?