Frontera en Llamas: El Viacrucis que Desvela Más que una Tradición

Frontera al rojo vivo, más allá de la fe

En el municipio fronterizo Bolívar, la tradicional procesión del Viacrucis no solo revive la condena de Jesús, sino que muestra una realidad que pocos analizan.

Lo que ocurrió

Cientos de feligreses se congregaron este Viernes Santo en la Basílica Menor San Antonio de Padua para escenificar la condena a muerte de Jesús. Poncio Pilato se lava las manos, señal inequívoca de responsabilidad diluida, mientras el pueblo —con un gesto incómodo— acepta el veredicto y pide la libertad del delincuente Barrabás.

Por qué esto cambia el escenario

Esta dramatización va más allá de la tradición religiosa. Refleja cómo comunidades fronterizas viven una crisis de autoridad donde la responsabilidad se evade y el descontento se mezcla con la pasividad. La presencia de autoridades locales como la alcaldesa Sandra Sánchez en la procesión es un recordatorio de que el escenario político también camina de la mano con estos rituales, ignorando que hay problemas reales que claman por atención.

Qué podría venir después

Si esta simbólica entrega de culpa no se traduce en acciones firmes para combatir la inseguridad y la crisis social en la frontera, la descomposición institucional seguirá ganando terreno. La procesión termina con la crucifixión, pero la verdadera cruz para esta región será la persistente falta de respuestas que la población necesita.

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