Estudiantes de la ULA exigen libertad y reinstitucionalización: esto va más allá de una marcha

Marcha estudiantil en ULA: reclamo directo por libertad y leyes

Este 12 de febrero, estudiantes de la Universidad de Los Andes (ULA) salieron a las calles de Mérida. No fue una protesta más. Fue un llamado urgente a liberar a los presos políticos y a reinstitucionalizar un país en crisis.

La movilización, liderada por la Federación de Centros de Estudiantes (FCU-ULA), se concentró en la Defensoría del Pueblo. No solo participaron estudiantes, sino también sectores de la sociedad civil y gremios que comparten las mismas exigencias.

¿Por qué esta marcha redefine el escenario político?

Andrés Hernández, consejero universitario, explicó que el movimiento estudiantil asumió el rol histórico de exigir derechos fundamentales que aún son negados en Venezuela. “No hay transición posible sin libertad plena y sin respeto a la Constitución”, afirmó. Aquí queda claro que la paz no está en la retórica, sino en garantizar derechos que hasta ahora se ignoran.

Mario Humberto, presidente de la FCU-ULA, insistió en que la educación debe ser el eje de la nación y la libertad de los presos políticos un requisito innegociable. La protesta refleja que las demandas van más allá de discursos: impactan en la legitimidad del sistema que hoy gobierna.

Un movimiento estudiantil que no se detiene

La protesta en Mérida es un espejo de una oleada nacional. En Caracas, jóvenes y familiares se concentraron en la Universidad Central de Venezuela (UCV) exigiendo una amnistía integral y el cese de la represión, confirmando que este es un tema que divide la opinión pública y compromete el futuro institucional.

Jorge Bello, voz del estudiantado, condenó la persecución y remarcó que ninguna presión apaga la lucha por un país libre. A su lado, Arquímedes Lobo recordó que la juventud debe mantener su rol activo para reconstruir la democracia, pues la impunidad y la violencia institucional son obstáculos reales a ese objetivo.

Lo que viene después

Estas movilizaciones, lejos de ser episodios aislados, señalan un nuevo nivel de exigencia ciudadano. El movimiento estudiantil se posiciona como un actor clave en la batalla por la reinstitucionalización. En los próximos meses, esa presión podría traducirse en cambios normativos y mayor visibilidad internacional sobre los presos políticos y la crisis institucional.

Lo que no está dicho en los medios oficiales es que esta lucha impacta directamente en la legitimidad de quienes gobiernan. No se trata solo de una protesta estudiantil; es una advertencia clara sobre el rumbo del país y la necesidad de respuestas concretas.

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