ElHelicoide dejará de ser prisión: ¿qué cambia tras años de horror?

De ícono futurista a la sombra del terror

El Helicoide, una obra arquitectónica concebida para deslumbrar, se convirtió en el epicentro del miedo. Ahora, su cierre definitivo anuncia un giro inesperado.

Un cambio radical que sorprende a todos

Delcy Rodríguez anunció que El Helicoide, sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), dejará de funcionar como prisión. Se transformará en un centro social, deportivo, cultural y comercial para las familias policiales y comunidades vecinas, poniendo fin a años de denuncias y horror.

Lo que fue y nunca se olvidará

Construido en los años 50 con una arquitectura helicoidal y planes futuristas –incluyendo helipuerto, hotel y 300 tiendas– El Helicoide nunca cumplió ese destino. Problemas económicos paralizaron el proyecto y en 1984 su función cambió radicalmente. Se convirtió en sede de cuerpos de seguridad que, con el tiempo, lo transformaron en una cárcel emblemática.

El símbolo más oscuro de la represión

Más de 50 presos políticos permanecen allí, incluidos destacados líderes opositores. ONG y familiares han denunciado torturas, malos tratos y desapariciones temporales. Las celdas, aislados y espacios clandestinos en sus siete niveles son sinónimo de castigo físico y psicológico.

Voces que revelan el horror

Lorent Saleh, preso por cuatro años, describió el lugar como un “infierno de ruido, mugre y hacinamiento”, donde reina la extorsión económica y la violencia. Por su parte, Joshua Holt perdió 27 kilos y sufrió graves enfermedades sin atención médica. Ambos coinciden: sobrevivir allí fue vencer al peor rostro del Estado.

Motines y gritos que sacudieron al país

En 2018, un motín reveló la desesperación acumulada. Las imágenes de presos protestando tras la brutal agresión a un estudiante estremecieron la opinión pública, visibilizando las crueles condiciones dentro del edificio.

¿Qué viene ahora para El Helicoide y sus detenidos?

El cierre busca marcar un antes y un después, pero las heridas son profundas. La transformación del inmueble aún no borra años de abusos. El destino de los presos, que podrían salir gracias a la amnistía, será clave para cualquier cambio en la política nacional.

¿Logrará esta reconversión ser el símbolo de una nueva etapa? El futuro está en juego.

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