El verdadero peligro: militares que no desaparecen y la democracia en jaque
¿Por qué la democracia venezolana es efímera?
Porque los militares que deberían marcharse, permanecen al acecho.
En un almuerzo en La Isabela, recordé cómo el doctor Ernesto Tejera fue uno de los pocos ministros de salud en tiempos de López Contreras, ante un régimen que prefirió enriquecerse y profundizar el desorden antes que construir hospitales o escuelas.
Tejera, quien atendió a Juan Vicente Gómez, reveló la cruda realidad: nadie se atrevió a diagnosticar su cáncer. Ni siquiera se puede controlar a quienes ostentan el poder militar.
El país ha sufrido desde entonces la maldición de no enterrar al general Gómez. Porque los militares siguen activos, vestidos con medallas y armas, causando miedo y bloqueando el avance de la democracia.
¿El resultado?
- La democracia aparece y desaparece, como la luna, vulnerable y temporal.
- La sociedad permanece amenazada y paralizada bajo la sombra militar.
- Transiciones lentas y confusas, con la sombra de la Seguridad Nacional y la influencia extranjera acechando.
Este permanente estado de incertidumbre permite que la agenda política avance en una dirección contraria a la libertad y soberanía real.
¿Qué viene ahora?
Más de lo mismo si no enfrentamos este problema de fondo: un sector militar que no se retira ni permite consolidar la democracia. La verdadera transición está bloqueada por quien no quiere desaparecer.
Por eso, lejos de nostalgias vacías, urge recuperar liderazgo auténtico que nos vuelva a poner de pie, sin intermediarios ni dependencias. No es nostalgia: es futuro y seguridad para Venezuela.