El verdadero miedo que paraliza la salida de Venezuela

¿Por qué tanto miedo a la liberación en Venezuela?

En Washington, María Corina Machado y el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, dejaron en evidencia un hecho que pocos reconocen: la narcotiranía castrochavista teme perder el control, no la justicia.

Lo que está pasando

La tragedia venezolana se extiende sin freno. Pero la fase básica de estabilización no avanza porque quienes destruyen el país no quieren salir del poder. Se aferran a sus privilegios y fortunas, a pesar de la masacre social, la represión y el éxodo masivo que ellos mismos provocaron.

La liberación de presos políticos, la atención médica urgente, la reparación de víctimas: son medidas vitales que se postergan porque el régimen teme las consecuencias de sus crímenes. No se trata solo de acción humanitaria, sino de una estrategia urgente para contener el desastre social.

Lo que nadie dice

  • El régimen ha ejercido una guerra criminal silenciosa contra una población desarmada durante más de 25 años.
  • Los asesinatos bajo tortura y represión como los de Rafael Acosta, Óscar Pérez y centenares más evidencian un genocidio sistemático.
  • El éxodo masivo trae un costo humano y geopolítico invisible para muchos.

Por qué esto cambia el escenario

No es solo que el régimen no quiera negociar. Es que saben que, al liberar a sus víctimas, también se desencadenan procesos que podrían llevar a la justicia y a la pérdida definitiva de su poder.

Su miedo no es a una transición pacífica, sino a enfrentar consecuencias y responder por décadas de destrucción.

Lo que puede venir

Estados Unidos tiene un rol clave como aliado, pero no puede lograr la recuperación si los sectores políticos aquí carecen de firmeza y unidad.

La salida no llegará con miedo ni con falsas esperanzas en acuerdos imposibles. Solo un compromiso real, firme y sin temor a enfrentar la verdad podrá acelerar la recuperación y justicia para Venezuela.

Mientras eso no suceda, el país seguirá preso de quienes buscan proteger su cuello y sus fortunas, postergando la reparación y condena que la nación demanda.

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