El Terrorismo de Estado que el Régimen No Quiere Admitir
Cuando el Estado se convierte en su peor enemigo
El terrorismo de Estado no es un mito. Es la estrategia activa del régimen para mantener el poder usando el aparato estatal en su contra propia gente.
¿Cómo lo hace? Utiliza fuerzas armadas, policías, servicios de inteligencia y grupos paramilitares protegidos oficialmente para sembrar terror. En Venezuela, los conocidos «colectivos» son parte de esta maquinaria.
Violaciones sistemáticas y un mensaje claro
Detenciones arbitrarias, tortura, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales no son incidentes aislados, sino tácticas diseñadas para paralizar a la sociedad. No solo persiguen individuos; castigan públicamente a opositores, periodistas y sindicatos.
El régimen elimina garantías legales y mantiene estados de excepción permanentes, anulando la Constitución para imponer su autoridad sin límites.
La máscara oficial: «seguridad nacional»
Para justificar la violencia, controla la narrativa. Presenta la represión como una «necesidad» para protegerse de supuestos enemigos internos, encubriendo así la persecución ideológica. La Ley de Amnistía queda excluida para mantener presos políticos y sancionar disidentes.
Consecuencias internacionales y lo que viene
Estos actos son crímenes de lesa humanidad. Denuncias en la Corte Penal Internacional y la ONU esperan aún un pronunciamiento contundente. Pero el silencio no detiene la realidad ni evita la justicia futura.
Con la transición forzada tras la intervención que desplazó a Maduro, el escenario político podría cambiar en 2024. Sin embargo, queda claro que sin desmontar esta estructura de terror, cualquier proceso electoral estará viciado por el miedo institucional.
Esto no es solo política: es control social con violencia implementado desde el poder. Y no te lo están contando.