El regreso imposible: ¿Quién reconstruirá Venezuela realmente?

El éxodo masivo que nadie quiere enfrentar

Más de 9 millones de venezolanos abandonaron el país. No es una cifra cualquiera sino una crisis de dimensiones inéditas que aún sigue vigente, sin señales claras de solución.

El retorno: un espejismo condicionado

Las causas que provocaron esta fuga masiva permanecen intactas. Sin su erradicación, hablar de regreso es solo un discurso vacío. Sin embargo, existe una falsa idea simbólica: que para reconstruir a Venezuela es imprescindible que regresen. La realidad es otra.

Reconstrucción desde donde nadie lo dice

El regreso sería ideal, claro. Ese aporte directo, de capital y experiencia, sería clave. Pero hoy la mayoría no volverá, y esperar sin actuar es hundirse más. ¿Y si los venezolanos en el exterior son la pieza clave? Desde allá también pueden moldear el futuro del país.

  • Consagrar una imagen sólida: Basta de excusas y posturas victimistas. Los venezolanos deben forjar un perfil respetable, productivo, lejos de la narrativa manipulada que los pinta como delincuentes o aprovechados.
  • Soporte económico continuo: La crisis humanitaria sigue. Los envíos de remesas y el apoyo a familiares son un músculo vital para que la crisis no se profundice.
  • Apoyo político decisivo: Denunciar la vulneración de derechos, ser la voz de los que dentro están amordazados y perseguidos. Esa es una función indispensable e ignorada hoy.
  • Preparación electoral masiva: Tres millones y medio tienen derecho a votar desde fuera, pero menos de 69,000 están registrados. La absoluta indefensión ante un CNE que retrasa el proceso es grave y puede definir el futuro político.

La trampa del Registro Electoral y la impotencia política

Actualizar datos con embajadas cerradas es una tarea interminable. En 2023 se demostró que el voto telemático es posible y eficaz, pero sigue bloqueado por el miedo de quienes detentan el poder. ¿Por qué? Porque saben que el voto migrante no les favorece.

Aquí hay dos enemigos claros: la apatía política y la antipolítica. La primera es el desinterés que paraliza. La segunda, la hostilidad activa que deslegitima toda acción política y la democracia misma. Ambas, juntos, perpetúan esta crisis de representación donde nadie se siente representado y todos pierden.

¿La polarización? El ojo del huracán

La polarización extrema es más que un problema de números: es una mentalidad que obliga a no dialogar, a “desconocer al prójimo” y a endurecer posturas.

Sin superar esta fractura, cualquier esfuerzo de reconstrucción, con o sin migrantes, está condenado al fracaso.

¿Qué viene?

Venezuela está en tierra de nadie: las causas del éxodo siguen, el retorno es un deseo lejano, el voto migrante está bloqueado y la ciudadanía abandonó la política. Sin ruptura de esta cadena, la reconstrucción seguirá siendo solo un discurso vacío.

La pregunta no es si regresan, sino cómo harán los venezolanos afuera para transformar desde lejos y presionar aquí. Ignorar esto es seguir cavando la propia tumba.

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