El regreso de los venezolanos: ¿realidad o espejismo peligroso?

¿Podemos confiar en un retorno masivo de venezolanos para la reconstrucción?

Más de 9 millones de venezolanos viven fuera, según datos recientes, pero solo una quinta parte podría regresar tras la transición política. ¿Estamos ante una esperanza fundada o una ilusión que nos paraliza?

La cifra incómoda que nadie asume

Tomás Páez Bravo, uno de los principales expertos en la «diáspora», estima que apenas 1,8 millones de venezolanos estarían dispuestos a volver. Esta cifra subraya la distancia entre el deseo de recuperación y la realidad palpable.

¿Por qué tan pocos volverían?

  • Han pasado años desde su partida. Muchos forman nuevas familias y hogares en otros países.
  • Las causas económicas, sociales y de seguridad que los expulsaron persisten en la mente.
  • Desilusión política: gran parte no confía en la dirigencia actual ni en las propuestas para salir del estancamiento.
  • La experiencia política en el exterior muestra un bajo nivel de participación y compromiso.

Lo que no nos cuentan sobre los emigrantes y su voluntad de regreso

La participación de venezolanos en el exterior en la Elección Primaria de 2023 fue menos del 10% del padrón estimado. Este dato revela el desapego político y la desconexión con las opciones planteadas para un cambio tangible.

Qué significa esto para la estrategia nacional

Confiar en un retorno masivo es apostar a un espejismo que puede frustrar planes y absorber recursos inútilmente. Es imprescindible diseñar mecanismos efectivos para que quienes están en el exterior puedan contribuir desde donde están, sin depender exclusivamente del retorno.

La «recuperación» no ocurrirá solo con anhelos ni promesas. La estrategia debe ser realista, asumir el profundo cambio demográfico y político de la diáspora, y evitar otra decepción que debilite aún más el proyecto nacional.

El futuro exige claridad y pragmatismo

El desafío es inmenso. Incorporar a los venezolanos en el proceso, sean locales o emigrantes, requiere una visión firme, lejos de optimismos infundados. Solo así podremos construir los cimientos para una verdadera transición y estabilidad.

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