El clan Castro se juega la sucesión de Cuba: ¿Quién manda de verdad?
El poder oculto tras la sucesión en Cuba
Desde la operación estadounidense «Resolución Absoluta» anunciada el 3 de enero, la atención mundial se centra en la crisis cubana y las negociaciones con sectores del régimen. Pero pocos cuentan la verdad: el poder no está en la figura presidencial ni en el Partido Comunista, sino en Raúl Castro y su círculo de generales raulistas, que controlan desde las sombras.
Los aspirantes bajo lupa
- Alejandro Castro Espín – «El Tuerto». Ex jefe de inteligencia con amplio control sobre seguridad nacional hasta 2018, desapareció del radar tras la llegada de Díaz-Canel. Reapareció en negociaciones con EE.UU. a través de México, pero su historial muestra que solo prolongó la farsa política sin reformas reales.
- Raúl Rodríguez Castro – «El Cangrejo». Nieto de Raúl, conocido más por su vida pública que por influencia política. Considerado mensajero entre Washington y La Habana, sin poder propio para liderar el cambio.
- Óscar Pérez-Oliva Fraga – «La Lechuza». Sobrino nieto con perfil técnico y discreto, viceprimer ministro, poco conocido y quizás el más viable para la continuidad de la saga. Pero su apoyo depende del grupo militar que domina el régimen.
La realidad del poder en Cuba
En Cuba, la sucesión presidencial es solo una parte visible del tablero. El verdadero mando está en manos de Raúl Castro y un reducido grupo de generales raulistas. Cualquier hipotético cambio simbólico no alterará el control militar ni la agenda política que mantiene al país estancado y aislado.
Lo que viene
Si Díaz-Canel cede el poder, no llegará un líder con autonomía real. La vieja guardia seguirá dictando la línea bajo la fachada familiar. Los grupos políticos estadounidenses y cubanos deben prepararse para una continuidad que no negocia reformas, solo movimientos superficiales.
¿Estamos ante un nuevo capítulo de engaño geopolítico o un real ajuste de poder? Lo que no dicen es que la isla seguirá en manos de un clan militar que mantiene el control sin rendición.