El Acuerdo Washington-Caracas: ¿Coloniaje o realidad inevitable?
¿Un acuerdo para la prosperidad o una pérdida de soberanía?
El Acuerdo Washington-Caracas, firmado el 3 de enero, ya es un hecho que pocos se atreven a cuestionar de fondo. Se presenta como una alianza para estabilizar Venezuela, pero hay mucho que nadie dice.
Lo que ocurrió
Estados Unidos y Venezuela aceptaron una fórmula de «corresponsabilidad». Washington busca manejar la transición venezolana, evitando el regreso del chavismo tradicional, sin intervención militar directa. A cambio, Venezuela cede parte de su soberanía y abre sus puertas a acuerdos energéticos y a un gobierno interino supervisado.
Por qué este acuerdo cambia el escenario
Este no es un pacto entre iguales. El llamado «contrato de adhesión» señala una subordinación directa del gobierno venezolano a la tutela estadounidense. La soberanía nacional, principio clave de todo Estado, queda limitada frente a intereses externos. El resultado es un cogobierno de facto, disfrazado de cooperación.
Las consecuencias ignoradas
- Perpetúa la crisis política bajo control externo, entregando la agenda venezolana a Washington.
- Consolida un gobierno tutelado por intereses extranjeros, bajo la fachada de interinato liderado por Delcy Rodríguez.
- Desvanece cualquier expectativa real de autonomía y recuperación institucional.
¿Qué puede venir después?
La dependencia se profundiza. Venezuela enfrenta la paradoja de convivir con un régimen imposibilitado de actuar libremente, mientras se promueve un discurso de «cooperación» y «progreso». Sin cuestionar estas bases, el país está condenado a repetir ciclos de dependencia y debilitamiento institucional.
La pregunta que nadie responde:
¿Cómo construir una verdadera soberanía cuando los caminos ya están cruzados por actores externos que deciden el futuro venezolano?