El 4 de febrero de 1992: el punto de inflexión que no te cuentan
Diosdado Cabello celebra un aniversario más del alzamiento militar que dio inicio a un cambio irreversible en Venezuela. Desde el Cuartel de La Montaña, sostuvo que aquel día marcó el rumbo del país y que, bajo la «Revolución Bolivariana», solo ellos garantizan la paz.
¿Pero qué significa realmente este cambio?
Más que una unidad nacional, lo que ha imperado desde entonces es un modelo que sostiene el poder bajo un discurso de resistencia frente a supuestas agresiones externas, mientras se ignoran las profundas heridas internas. La insistencia en el sacrificio y la «unidad» oculta la verdad: Venezuela atraviesa una crisis política, económica y social que no se resuelve con consignas ni encargados temporales en el poder.
Cabello advierte sobre un momento «complejo» y llama a reforzar el liderazgo oficial, pero omite enfrentar las consecuencias reales: colapso institucional, pérdida de libertades y ruptura del orden legal. La estabilidad que promete no está en pie sin un diálogo serio ni cambios estructurales.
¿Qué viene después del relato oficial?
Si el llamado es a mantener el bloque único, la pregunta es cómo se podrá avanzar cuando gran parte del país no se siente representado por esta versión de la historia ni por sus consecuencias actuales. Mientras se reclama la liberación de Nicolás Maduro y Cilia Flores tras la crisis política, el país sigue atrapado entre un pasado idealizado y un futuro incierto, sin claras rutas a la recuperación real.
Lo que no te cuentan es que el 4F no solo cambió a Venezuela, sino que inauguró una era donde el control y la confrontación definen la política, mientras las verdaderas soluciones, económicas y sociales, quedan en segundo plano.