El 4F: el golpe que destruyó la democracia venezolana y aún gobierna en sombras

El 4F no fue una gesta, fue un golpe criminal

El 4 de febrero de 1992, Hugo Chávez y un grupo de militares golpistas atacaron la democracia venezolana. Se trató de un asalto armado contra civiles, guardias y soldados que protegían la Constitución, provocando muertes y dejando un daño institucional irreparable.

Con bombas en el Palacio Blanco y secuestros a gobernadores, esa acción marcó el inicio de una era donde la violencia se impuso como método de poder. La democracia, sin embargo, les otorgó un juicio justo, condena y posteriores indultos, demostrando que el Estado de derecho aún funcionaba pese a la traición armada.

La promesa de perdón que nunca se cumplió

Lo paradójico: quienes recibieron clemencia desencadenaron después una dictadura caracterizada por persecuciones, torturas, presos políticos y ejecuciones extrajudiciales. El sistema democrático cedió espacio al autoritarismo; la sociedad pagó el precio con la pérdida definitiva de libertad y seguridad.

Cuartel Moncada y 4F: una historia que se repite

El golpe del 4F replica al asalto fallido al Cuartel Moncada en Cuba, origen de la tiranía castrista. Dos crímenes fundacionales que destruyeron instituciones para instalar regímenes totalitarios. La narrativa oficial los presenta como semilla de revolución, pero la realidad es que abrieron camino al monopolio ideológico y el terror estatal, como advirtió Raymond Aron.

De Cuba a Venezuela: alianza de dependencia e ideología represiva

Hugo Chávez importó intacto el modelo castrista. Cuba aportó ideología y asesores, Venezuela petróleo y recursos subsidiados. Esta simbiosis perversa convirtió a Venezuela en un satélite totalitario, subordinando medios, fuerzas armadas y justicia a un poder absoluto.

4F 2026: el mito revolucionario se desploma internamente

En 2026, Diosdado Cabello conmemoró el llamado «Día de la Dignidad Nacional» solo, sin civiles ni militares presentes. El chavismo abandonó el mito fundacional, consciente del desastre social, económico y político generado por ese golpe.

La verdad nunca oficializada: el 4F fue el comienzo de un régimen que destruyó pluralismo y libertad para imponer terror ideológico, hundiendo a Venezuela en la pobreza y la ruina institucional.

¿Hasta cuándo seguirá gobernando un sistema nacido del crimen?

El rechazo interno hasta entre sus propios artífices confirma que el sistema totalitario creado desde el 4F se devora a sí mismo. Pero más allá de esta autodestrucción, Venezuela enfrenta un reto urgente: cómo reconstruir instituciones respetuosas del Estado de derecho y recuperar la seguridad y libertad que la democracia aún puede ofrecer.

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