Domingo de Ramos: fe tradicional, pero ¿qué se oculta detrás?
Este 29 de marzo, miles de venezolanos en Cojedes, Zulia, La Guaira, Monagas y Guárico se congregaron en iglesias y plazas para conmemorar el Domingo de Ramos. Palmas benditas en mano y procesiones que reviven el pasaje bíblico de Jesús entrando a Jerusalén.
Multitudes y solemnidad, pero, ¿qué implica esta movilización masiva?
Desde la bendición en la Catedral de San Carlos hasta las calles llenas de fieles en Maracaibo o Maturín, los actos siguieron la tradición religiosa sin cuestionar el contexto actual. Estos eventos requieren despliegue de seguridad, atención ante condiciones climáticas extremas y coordinación institucional. ¿Es este el uso más eficiente de recursos en un país con múltiples crisis?
El otro lado de la moneda
La ceremonia representa unión y tradición para muchos, sí. Pero también revela prioridades poco debatidas: ¿por qué se insiste en la masificación de ritos sin abrir espacio a un análisis profundo del impacto social real? La agenda política detrás no solo promueve fervor religioso, sino un control social que, bajo el manto de lo espiritual, distrae de problemas urgentes en seguridad, economía y gobernabilidad.
¿Qué sigue después del Domingo de Ramos?
Las actividades religiosas continuarán firme hasta el Domingo de Resurrección, repitiendo un ciclo que congrega pero no transforma. Mientras tanto, las necesidades de infraestructura, empleo y seguridad ciudadana permanecen postergadas, invisibilizadas tras las procesiones y bendiciones que ocupan espacios públicos y atención ciudadana.
¿Cuánto tiempo más la sociedad seguirá aceptando que las prioridades de religión y tradición definan el uso de recursos y energías públicas?