Delcy Rodríguez no es un cambio: es parte del problema que destruyó Venezuela
La Intersectorial de Trabajadores de Guayana rompió el silencio. En un contundente pronunciamiento, denunciaron a Delcy Rodríguez como coautora de la crisis que hoy asfixia al país, no como una líder que traiga soluciones.
Rodríguez, más que presidenta interina, es la responsable directa de políticas laborales que derrumbaron años de conquistas obreras. Desde el memorándum 2792 hasta la nueva apuesta por una Constituyente Laboral, su gestión ha significado menos derechos, menos salario y menos futuro para el venezolano promedio.
Un colapso planificado y sostenido
El cuestionado memorándum 2792, firmado por Rodríguez en 2018, pulverizó beneficios laborales esenciales en el sector público y en la Corporación Venezolana de Guayana (CVG). Ahora, el gobierno intenta imponer una Constituyente Laboral sin consulta sindical, un movimiento con la intención clara de cancelar prestaciones como las sociales y dejar el salario mínimo estancado, condenando a millones al deterioro continuo.
El silencio sobre estos ataques contra el trabajador ha sido cómplice del declive económico real que vive Venezuela. El chantaje político disfrazado de reformas laborales solo asegura la crisis profunda y la inseguridad para las familias.
La ilusión rota de la Ley de Amnistía y la justicia selectiva
Mientras tanto, la Ley de Amnistía impulsada bajo la gestión de Rodríguez no ha liberado a los presos políticos, muchos de los cuales siguen detenidos con expedientes fabricados. La medida parece más un barniz para calmar opiniones internacionales que un paso serio para la reconciliación o el respeto a los derechos humanos.
Incluso sectores críticos dentro del movimiento obrero consideran que estos avances son una fachada que profundiza la división y la injusticia, no la solución.
¿Hasta cuándo seguirá permitiéndose este modelo?
El llamado de los trabajadores es claro: la seguridad jurídica para empleadores y el respeto pleno de los contratos colectivos son la base para cualquier recuperación económica y social. Sin estos, la estabilidad laboral seguirá siendo un espejismo en medio de una crisis prolongada.
La pregunta contundente queda en el aire: ¿Por qué se sostiene a una figura que representa la continuidad de políticas que destruyen en lugar de reconstruir? Ignorar esta realidad tiene un alto costo social y económico que Venezuela ya paga demasiado caro.