La ley de amnistía que pocos cuestionan
Delcy Rodríguez confirmó que la Asamblea Nacional aprobó sin discusiones una ley de amnistía que promete “paz y reconciliación”. El respaldo total de los sectores políticos convierte esta norma en un nuevo eje institucional del país.
¿Pero qué significa realmente?
Esta iniciativa, presentada como un paso hacia la unidad, evoca a Simón Bolívar, Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Sin embargo, está lejos de ser un gesto puramente histórico o simbólico. La cuestión es quiénes se beneficiarán realmente.
Al tratarse de una amnistía amplia, podría liberar a quienes deberían responder por atentados a la institucionalidad y afectar la confianza en el sistema judicial. Mientras se habla de “convivencia democrática”, se abre la puerta a impunidad que debilita la seguridad y la legalidad.
Lo que sigue: ¿más incertidumbre o ruptura institucional?
Este paso legal no es un cierre temporal, sino un cambio estructural con consecuencias directas para las instituciones venezolanas. La justicia puede quedar subordinada a acuerdos políticos, erosionando la separación de poderes.
Además, esta amnistía puede ser el inicio de un patrón donde la legalidad se doblega frente a la agenda política de turno, afectando el futuro de la seguridad y la gobernabilidad. El llamado a la “unidad” está lejos de considerar el daño real que este tipo de leyes causan a la confianza ciudadana.
¿Quién gana y quién pierde con esta ley? Eso es lo que no te cuentan.