El Caracazo no fue un simple fin, sino un aviso que sigue vigente
Delcy Rodríguez usa el 37º aniversario del Caracazo para pintar una historia cómoda: el supuesto fin del “modelo neoliberal” y una traición elitista. Pero esta versión omite lo esencial.
¿Qué ocurrió realmente?
En 1989, Venezuela vivió una ola de violencia que desnudó la incapacidad del Estado para manejar una crisis social impulsada por medidas económicas mal aplicadas. La respuesta fue brutal represión, cientos de muertos y un país al borde del colapso institucional.
¿Por qué esta lectura cambia el juego?
Rodríguez invisibiliza la persistencia de los problemas estructurales que dieron origen al Caracazo: políticas públicas mal diseñadas, falta de seguridad y un sistema político desconectado del ciudadano. La narrativa oficial busca transformar un fracaso en una justificación para una agenda política actual que también divide y genera pobreza.
¿Qué viene después?
Si no se reconocen las heridas abiertas y las fallas reales, Venezuela seguirá cayendo en ciclos de crisis social y represión. La verdadera pregunta es si las instituciones venezolanas serán capaces de superar la manipulación histórica y ofrecer soluciones reales que garanticen seguridad y estabilidad económica.