Delcy Rodríguez en EE.UU.: ¿Trofeo o problema para Trump?
Delcy Rodríguez en Washington: ¿Reina con honores o huésped incómoda?
El 12 de febrero de 2026, Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela, confirmó que contempla viajar a EE.UU. invitada por el secretario de Energía, Chris Wrighty, gracias al levantamiento de sanciones impuestas por la OFAC.
El debate está abierto: ¿le abrirán la Casa Blanca con todos los honores, incluyendo una rueda de prensa junto al presidente Trump? ¿O será un encuentro limitado que evite polémicas? El Comité de Exteriores de la Cámara de Representantes ya rechazó su visita, calificándola de “brutal cómplice” del fraude electoral y la persecución política.
¿Por qué esta visita cambia el escenario?
Para Trump, exhibir a Rodríguez podría ser un intento de convencer a empresarios estadounidenses de que invertir en Venezuela es seguro. Pero, sin autoridad legítima, ¿de qué sirve ese gesto? Ella sigue ignorando las condiciones mínimas para una transición democrática y el respeto a los derechos humanos, mientras persigue a opositores y se promueve como candidata presidencial en un sistema controlado por la dictadura.
La Constitución venezolana se ha transformado en una herramienta al servicio del chavismo, eliminando la separación de poderes y anulando el Estado de derecho. En este contexto, Rodríguez no es un puente hacia la democracia sino un obstáculo.
Lo que viene: ¿inversiones sin legitimidad o más parálisis?
Si Estados Unidos realmente quiere un socio energético en la región, debe exigir más que una alianza petrolera con un régimen sin reformas reales. Mientras Delcy Rodríguez siga siendo la interlocutora, la crisis política y social en Venezuela continuará sin solución.
El levantamiento de sanciones sin cambios estructurales podría fortalecer al régimen y alejar cualquier posibilidad de elecciones libres y transparentes. La apuesta de Trump, más que una victoria, puede convertirse en un riesgo político que ni sus aliados ni los venezolanos están dispuestos a tolerar.