Indultos que solo maquillan una realidad cruda
Cuba anunció un indulto que beneficiará a 2.010 presos en plena Semana Santa. Desde 2011, 11.000 personas han salido por estas medidas anunciadas como «humanitarias y soberanas». Pero la realidad va más allá del gesto: hasta febrero había un récord de 1.214 presos políticos en la isla, una cifra altísima si consideramos que la población cubana es solo un tercio de la venezolana.
¿Qué ocultan estos indultos?
Los liberados excluyen a quienes cometieron «delitos contra la autoridad». En otras palabras, los prisioneros por oponerse al régimen permanecen tras las rejas. Mientras el régimen habla de misericordia, la persecución política sigue intacta y selectiva.
Un patrón heredado y replicado
La dictadura de Díaz-Canel no es diferente a la de Maduro o la vieja guardia chavista. Copian el modelo de amnistías que solo alivian la presión internacional, mientras mantienen en prisión a los opositores más visibles. Fidel y Chávez se alzaron en armas pero vivieron sin pagar por ello. Los que disienten hoy pagan con cárcel de por vida.
El juego del régimen: ganar tiempo y perpetuarse
En medio de una economía colapsada y sanciones crecientes, la dictadura cubana administra una gigantesca prisión social. Los indultos son parte de la estrategia para calmar críticas externas, mientras inside control interno se endurece. Siete décadas de represión y autoritarismo buscan extenderse sin límites.
¿Hasta cuándo seguirá la comunidad internacional permitiendo que se llame «humanidad» a esta forma de control político?