Cuando la soberanía se tira a la basura: el verdadero peligro para la democracia
La soberanía no es negociable, aunque quieran convencerte de lo contrario
Estamos ante una paradoja peligrosa: la soberanía, ese concepto clave para la existencia misma del Estado, se flexibiliza hasta el punto de perder su esencia.
Se habla hoy de soberanía alimentaria, digital y otras ideas en boga, pero el foco real está en la soberanía estatal, que determina quién manda y quién decide dentro de un país.
No es lo mismo en Rusia o Cuba, donde la voluntad de un líder define límites sin espacio para la opinión ciudadana, que en democracias donde la identidad nacional y las instituciones tienen voz y límites claros.
¿Cómo podemos sostener una democracia si el control de recursos y territorio queda subordinado a un «hermano mayor» extranjero, como denunciaba George Orwell?
Solo los imperios y sus cómplices aceptan que la soberanía termina donde empieza el dominio militar. Y hay sectores internos que sin medir consecuencias, aplauden esta renuncia.
Pero la soberanía no se puede desechar ni banalizar sin poner en riesgo la libertad, la identidad nacional y el futuro mismo del país.