Segunda Marquetalia, detrás del asesinato de Miguel Uribe Turbay
Una confesión clave destapa la verdad que muchos no querían escuchar: la Segunda Marquetalia ordenó el crimen del senador colombiano Miguel Uribe Turbay.
Qué pasó realmente
Según la investigación de la revista Semana, Simeone Pérez Marroquín, alias “el Viejo”, condenado a 22 años por este caso, confesó ante la Fiscalía que la orden vino directamente de José Manuel Sierra Sabogal, alias “el Zarco Aldinever”, mando de esa estructura armada liderada por Iván Márquez.
El plan no fue improvisado ni barato: el asesinato tenía un valor de 1.000 millones de pesos, más 600 millones para sobornos o eliminar testigos incómodos.
Cómo se ejecutó y protegió la operación
- Confesó que coordinó todo tras acuerdo con Kendry Téllez, alias “Yako”, exFARC convertido en integrante de la disidencia.
- Hubo reuniones clandestinas en la frontera con Venezuela donde se validó la operación.
- El crimen se consumó el 7 de junio en Bogotá con la participación de una mujer para entregar el arma y un menor que disparó.
- Uribe Turbay falleció semanas después debido a las heridas.
Consecuencias nunca vistas
La red quiso entorpecer la investigación con sobornos y amenazas explícitas: «Si no se dejaban sobornar, tocaba ‘mochar la cabeza’», dijo el condenado. Además, usan redes de delincuencia común para ocultarse y operar en Bogotá.
Por qué esto cambia el tablero político y de seguridad
Este testimonio sacude el relato oficial y confirma que las disidencias armadas imponen su agenda violenta en zonas urbanas y fronterizas. El asesinato no fue un acto aislado sino parte de una operación meticulosa y millonaria.
Con «Yako» fugado en Venezuela junto a Márquez, las autoridades enfrentan una crisis para capturar a los responsables y desarticular una red criminal que opera sin freno.
¿Cuál es el siguiente paso?
El caso puede intensificar medidas de seguridad en Bogotá y fronteras, además de endurecer la respuesta legal contra grupos armados ilegales que buscan imponer su control político a través del crimen.
Más allá de la conmoción, las revelaciones exigen respuestas firmes para evitar que esta agenda violenta siga ganando terreno en Colombia.