Colombia enfrenta crisis energética: ¿puede depender del gas venezolano?
Crisis energética en Colombia: la trampa del gas venezolano
Colombia atraviesa una caída constante en sus reservas de gas, que en menos de una década quedarían en niveles críticos. La propuesta de importar gas de Venezuela surge como una solución a medio plazo, pero ¿cuánto de esto es viable y cuánto es discurso político?
Lo que está en juego
Expertos como Sergio Cabrales, de la Universidad de los Andes, enfatizan que la capacidad de refinación de crudo en Colombia está saturada, por lo que importar petróleo venezolano para procesarlo aquí no es una opción realista. Estados Unidos, con su enorme infraestructura, domina ese mercado, y actores locales quedan relegados a planes simbólicos.
La verdadera oportunidad está en el gas
Colombia lleva más de 12 años consumiendo más gas del que descubre o recupera. Las reservas han caído un 64%. Sin inversión y estrategias claras, el país enfrenta un horizonte complicado para su abastecimiento energético.
Reactivar la importación de gas de Venezuela parece lógica, pero el canal natural para esto, el Gasoducto Transcaribeño Antonio Ricaurte, está inoperable desde hace una década. La infraestructura está deteriorada y el lado venezolano no solo abandonó el proyecto, sino que tampoco tiene producción disponible en la zona fronteriza.
Un acuerdo roto y una infraestructura olvidada
- El gasoducto fue diseñado para que Colombia exportara gas a Venezuela inicialmente y luego el flujo se invirtiera, pero el acuerdo se rompió.
- Colombia tiene unos 88 kilómetros de tubería reparables en un año, pero Venezuela necesita reconstrucciones más profundas en sus 140 kilómetros de trayecto.
- En Maracaibo no hay gas disponible, sino que las reservas están en plataformas costa afuera cuyos recursos se usan para consumo interno venezolano.
¿Qué significa esto para Colombia?
El discurso oficial plantea un gas venezolano «mucho más barato», pero sin una ruta técnica y política clara, esta promesa solo puede generar falsas expectativas. La realidad es que la dependencia de recursos energéticos extranjeros sin un plan sólido de infraestructura o negociación fuerte pone a Colombia en una posición vulnerable.
En un escenario regional cada vez más complejo, donde Estados Unidos mantiene fuerte influencia y privilegia a sus empresas, Colombia tendrá que decidir si apuesta por proyectos viables y soberanos o se expone a soluciones incompletas que deterioran su seguridad energética a largo plazo.