Chavismo secuestra la religión para ampliar su poder
En Venezuela, Nicolás Maduro y el Partido Socialista Unido han decidido convertir la religión en una herramienta política. Lo hacen para fortalecer su base y captar nuevos votantes a costa de violar la libertad religiosa.
María José Brito, presidenta de la Fundación Acorde 33, advierte que esta cooptación utiliza recursos del Estado para manipular comunidades de fe, incumpliendo el artículo 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y la Constitución venezolana que protegen el culto libre y sin presiones.
Eventos religiosos al servicio de la política chavista
La Marcha por Jesús, un evento cristiano tradicional, fue tomada por el gobierno en 2025 para sus fines políticos, oficializándola como “Patrimonio Inmaterial y Espiritual”. Esto generó rechazo incluso entre líderes religiosos auténticos que enfrentan persecución y exilio.
Casos como la detención de José Albeiro Vivas en 2019 por un discurso a favor de la libertad evidencian la presión política sobre la fe. Además, el Consejo Pastoral de Gobierno, creado en 2019, integra pastores alineados con el régimen, quienes reciben beneficios económicos o legales a cambio de sumisión.
La Iglesia no escapa a la influencia política
No solo evangélicos están afectados. Desde 2023, el chavismo intenta usar eventos como la Jornada Mundial de la Juventud para capitalizar apoyo político. Sacerdotes en zonas fronterizas viven bajo amenazas constantes de grupos armados, siendo forzados a guardar silencio o apoyar agendas ajenas.
Consecuencias graves para la sociedad y la fe
La Fundación Acorde 33 advierte que esta instrumentalización crea divisiones en comunidades religiosas y convierte las iglesias en instrumentos de fidelización partidista. El 89,4% de venezolanos que se identifican con alguna fe cristiana tienen su libertad y autonomía amenazadas.
La consecuencia va más allá de la religión: es un deterioro de la pluralidad y la legalidad, que abre la puerta a la manipulación masiva con recursos públicos.
¿Qué sigue?
- Mayor control estatal sobre líderes religiosos y comunidades de fe.
- Incremento de la presión política disfrazada de apoyo espiritual.
- Divisiones profundas en organizaciones religiosas que debilitanel derecho a la libertad de culto.
- Urgente necesidad de conscientes y organismos internacionales para denunciar y blindar la autonomía religiosa en Venezuela.
La verdadera libertad religiosa está en juego, convertido en un arma política para perpetuar un poder que se niega a respetar instituciones ni derechos básicos.