Chavismo: De feroz antiimperialismo a aceptar control de EE.UU. para conservar el poder

De ‘el diablo’ a socio obligado: la verdadera transformación del chavismo

En 2006 Hugo Chávez calificaba a George W. Bush como «el diablo» y acusaba a EE.UU. de dominación global desde la ONU. Sin embargo, esa brutal confrontación duró poco más allá del discurso. Hoy, el gobierno de Delcy Rodríguez admite acuerdos con Washington que permiten a Estados Unidos manejar la principal fuente de ingresos venezolana: el petróleo.

¿Qué pasó?

En sus inicios, el chavismo prometía democracia participativa, rechazaba el socialismo y la estatización masiva. Pero esa etapa fue rápidamente reemplazada por un control más autoritario y la adopción forzada del socialismo del siglo XXI, que terminó fragmentando Venezuela y generando polarización y crisis económica.

Con la llegada de Maduro, el fiasco económico se profundizó: hiperinflación, escasez y caída del 70% del PIB, un desastre comparable solo a zonas de guerra. La migración masiva de 8 millones de venezolanos recordó que no solo había colapsado la economía sino las instituciones.

¿Y la relación con EE.UU.?

Mientras el discurso oficial azuza el antiimperialismo, el chavismo actual -a cargo de Delcy Rodríguez- avanza en concesiones clave a EE.UU., especialmente en la ley que revive la participación privada en el petróleo y acepta supervisión extranjera en las ventas.

Esta paradoja revela que el antiimperialismo nunca fue un objetivo real sino una pantalla para justificar la lucha por el poder a cualquier precio.

¿Qué implica esto para Venezuela y la región?

  • El chavismo ya no busca cambiar el sistema sino mantenerse a toda costa, adaptando su discurso y prácticas según convenga.
  • El aparente enfrentamiento con EE.UU. es un teatro que oculta intereses económicos compartidos para sobrevivir políticamente.
  • La crisis institucional y económica seguirá sin resolverse mientras se priorice la concentración del poder sobre las reformas reales.

En definitiva, del antiimperialismo estridente al pragmatismo sumiso: el chavismo se transforma, sí, pero solo para no perder el control. ¿Cuánto tiempo más podrá sostenerse este equilibrio imposible?

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