Capturan al rey Maduro, pero Venezuela sigue gobernada por el petróleo y la impunidad
La captura de Maduro: ¿fin de una era o solo un gesto?
El pasado 3 de enero, Nicolás Maduro fue capturado por el gobierno de Donald Trump. Un hecho que muchos celebran, pero que en realidad no cambia el tablero político venezolano como quisiéramos.
Porque aunque el rey haya caído, la reina sigue en juego: el petróleo, la verdadera fuente del poder y la corrupción que sostiene al régimen.
¿Por qué esto no significa un cambio real?
- Estados Unidos apuesta a una transición lenta y controlada, buscando no desarmar el entramado chavista de dos décadas de corrupción y control.
- El poder en Venezuela ya no depende de una sola persona. Está replicado en cada nivel: gobernadores, alcaldes, líderes locales, que actúan como mini-Maduro perpetuando el sistema.
- Las instituciones públicas están tan capturadas que ya nadie se sorprende con escándalos en la Cruz Roja o la federación de fútbol.
- Casos como la liberación del rehén argentino Nahuel Gallo en negociaciones deportivas muestran el grado de degradación institucional.
La historia aclara el camino
Otras transiciones autoritarias demuestran que la impunidad y la complicidad son la regla. Desde Trujillo en República Dominicana, Noriega en Panamá, Pinochet en Chile hasta Franco en España, las figuras del antiguo régimen permanecieron detrás del nuevo orden político.
Los hermanos Rodríguez y otros chavistas actúan en esa vieja lógica: negociar su supervivencia política para mantener el sistema corrupto.
¿Y qué debería cambiar entonces?
La pregunta clave es cuánto está dispuesta la sociedad a tolerar la impunidad. Si se olvida rápido, los responsables de décadas de destrucción quedarán absueltos por la historia y la política.
Este no puede ser un «vamos viendo» improvisado. La memoria de las víctimas y la justicia son inviolables para evitar construir un Estado Frankenstein donde la corrupción y el autoritarismo se reciclen.
Un avance que pocos notan
Rafael Quero Silva, señalado por abusos durante el régimen chavista, enfrenta una demanda en una corte civil de Estados Unidos. Por primera vez, sin la protección del sistema, debe responder ante un juez imparcial.
Este proceso es más que un acto jurídico: es un símbolo de que la justicia puede tocar a los responsables, aunque la política y la geopolítica frenen el cambio rápido.
Lo que viene
La transición en Venezuela será larga y conflictiva. El poder está disperso y el petróleo sigue siendo pilar de la geopolítica regional. Pero mientras la memoria y la justicia persistan, la impunidad perderá terreno.
Esto importa más de lo que parece. Porque cambiar estructuras es la única manera real de evitar que un nuevo disfraz del chavismo tome el control y siga condenando al país.