Ayacucho en shock: dos feminicidios que sacuden San Juan de Colón

Ayacucho rompe la calma con dos tragedias que estremecen San Juan de Colón

Un municipio que empezó el año con esperanza ahora enfrenta un enero teñido de luto y preguntas sin respuestas. En menos de un mes, la violencia de género golpea con fuerza en la zona norte, dejando a dos familias devastadas.

El asesinato que paralizó al pueblo

Laura Acevedo Medina, ingeniera en Informática y servidora pública dedicada, fue encontrada sin vida en su propio hogar. Su cuerpo apareció en la calle 9 de San Juan de Colón, dentro de la residencia donde vivía con sus dos hijos, quienes ahora enfrentan un futuro sin madre.

Vecinos y familiares se congregaron en el lugar desde temprano, sin imaginar la magnitud de la tragedia. Laura se preparaba para iniciar una comisión en la Alcaldía de Ayacucho, buscando darle mayor estabilidad a su familia, pero el destino lo decidió de otra manera.

La policía científica inició la investigación mientras la comunidad permanece en alerta, pendiente de que se encuentre y detenga al responsable.

Otro feminicidio que sacudió Santa Rosa

Semanas atrás, en el sector Santa Rosa, la violencia también cobró la vida de Nelly Márquez en circunstancias brutales. El informe forense revela un impacto extremo, con un trauma craneal directo que terminó con su vida.

A diferencia del caso de Laura, el sospechoso —su pareja— fue capturado rápidamente y ahora enfrenta a la justicia, pero el dolor y la conmoción siguen presentes.

Un patrón que no puede pasar desapercibido

Dos mujeres, contextos distintos, pero un nexo inquietante: la violencia que se cobra vidas en sus propios hogares. Las autoridades advierten sobre la urgencia de no normalizar conductas de control y abuso, y recuerdan una frase que hoy resuena con fuerza en las calles de Colón:

“El amor construye, la obsesión destruye.”

Qué sigue para Ayacucho

Estos feminicidios abren una herida abierta en la comunidad. El impacto trasciende el duelo: hay una llamada urgente a la acción y a la reflexión profunda sobre la violencia de género que no cede en la región. La atención ahora está en encontrar justicia y proteger a quienes aún están en riesgo.

El silencio no debe seguir escribiendo finales trágicos. Ayacucho mira hacia adelante, con la esperanza de transformar su realidad.

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