Así es ser preso político: una historia que pocos conocen

Cuando comenzó la pesadilla

Era marzo de 2020, justo cuando el mundo enfrentaba el inicio del covid-19, cuando la Dirección General de Contrainteligencia Militar irrumpió sin orden judicial en un apartamento en Margarita. Lo sacaron de su hogar como al peor criminal.

Golpes, abandono y tortura

Sin experiencia previa en cárceles, sufrió la peor de las barbaries: tres días sin comida ni agua, una convulsión por epilepsia sin atención médica, y una brutal golpiza con un bate que dejó marcas y dolores de por vida. Esa fue sólo la entrada a un calvario de violencia y desarraigo.

El infierno en una celda minúscula

26 días en una celda de castigo de apenas 4 metros cuadrados, junto a otros cuatro presos, sin luz, sin medicinas y durmiendo en el suelo. Apenas una poceta para sobrevivir. Las condiciones inhumanas borran la noción del tiempo y queman la esperanza.

La rutina del sufrimiento

  • Incomunicación total con familiares
  • Alimentos repetidos que humillan
  • Golpizas constantes
  • Falta absoluta de atención médica

Una condena sin juicio ni derechos

Ser preso político es perder la condición humana: sin asistencia legal, sin visitas, ni siquiera un reconocimiento básico de dignidad. Jóvenes, adultos y personas mayores atrapados sin respaldo, invisibles para la justicia.

El dolor no solo queda en la cárcel. Las familias también sufren profundamente, especialmente los hijos, marcados por la ausencia y el miedo.

El daño que no termina al salir

Liberarse no borra las secuelas. La marca en el cuerpo es sólo visible; en la mente, el gasto es aún mayor. Muchos quedan estigmatizados, sin oportunidades laborales ni apoyo social, olvidados en un país donde los derechos humanos desaparecen.

La muerte reciente de un exgobernador encarcelado es solo un recordatorio cruel de lo que muchos enfrentan día a día.

¿Qué sigue?

Este testimonio abre una ventana a una realidad que pocos se atreven a ver. La llamada urgente es levantar la voz, visibilizar a quienes ya no pueden y reclamar un cambio que restituya justicia, libertad y humanidad.

¿Hasta cuándo esta barbarie seguirá sin respuesta?

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