Lo que España enseñó sobre la verdadera transición democrática que Venezuela ignora
¿Por qué Venezuela no está en una transición democrática auténtica?
La comparación con España no resiste un análisis serio. Venezuela no encara una transición: enfrenta una apertura tentativa bajo intervención extranjera, con un poder autoritario que persiste y una oposición desarticulada por casi tres décadas de control chavista.
España y el factor humano que nadie menciona
La muerte de Franco en 1975 detonó un escenario único, donde el rey Juan Carlos I eligió sostener la democracia como único camino viable. Nombró a Adolfo Suárez, un hombre formado en el régimen pero con visión para desmantelarlo desde adentro, usando la Ley para la Reforma Política y evitando el vacío de poder o un golpe militar.
Además, logró un pacto histórico que incluyó a sectores incómodos como los comunistas y una ley de amnistía. Esto culminó con una Constitución que establecía un sistema de monarquía parlamentaria y una institucionalidad sólida.
El momento clave que define una transición real
En 1981, ante el golpe del teniente coronel Tejero y los tanques en Valencia, solo la autoridad clara y decidida de Juan Carlos I detuvo el retorno a la dictadura. Ordenó a las fuerzas armadas respetar la disciplina y proteger la democracia, aislando a los golpistas.
¿Qué hubiese pasado en Venezuela si existiera un liderazgo así? ¿Qué pasará si el gobierno no transparenta las actas oficiales del 28 de julio de 2024 para contrarrestar las dudas opuestas? Estamos ante una oportunidad para reconciliarse, pero el miedo a la represión política sigue vigente.
El rol del liderazgo en la consolidación democrática
- Eleazar López Contreras sostuvo el orden tras la dictadura de Gómez y abrazó la inclusión política.
- Guillermo Endara reconstruyó Panamá después de Noriega.
- Japón mantuvo su emperador, pero reformó su estructura política hacia la modernidad.
Las transiciones no ocurren por accidentes o por deseo popular solamente. Requieren líderes con acceso y visión para abrir las instituciones, despejando el camino para el cambio real.
Venezuela no puede permitirse seguir confundiendo aperturas políticas con transiciones. Sin liderazgos firmes y sin la disposición a reforzar las instituciones, la democracia seguirá siendo una ilusión electoral, pero no una realidad.