El peligro del pragmatismo ciego que nadie quiere admitir
Pragmatismo o traición: ¿qué está pasando realmente?
En Venezuela se está jugando una partida que va mucho más allá de la simple política. Lo que llaman «pragmatismo» no es más que una máscara para alianzas peligrosas y pactos oscuros que terminan sacrificando los principios básicos del Estado de derecho y las libertades.
Mientras algunos apuestan a que esta transición sea real, otros negocian impunidad y poder a espaldas del país. No es teoría: la sustitución de ministros y la participación de quienes avalan golpes pasados demuestran que aquí se está moldeando un nuevo escenario, pero con los mismos actores del desastre.
¿Por qué esto cambia el juego?
Porque no se trata solo de una lucha por el poder, sino de quién controla el destino de Venezuela. La misma gente que durante décadas asfixió la democracia ahora intenta presentarse como la alternativa viable. Usan el discurso de la reconciliación para salvarse, mientras siguen encarcelaando y persiguiendo a opositores bajo la sombra de falsas excusas legales.
¿Qué viene después?
Si seguimos permitiendo que estas maniobras se impongan, la democracia seguirá siendo un proyecto dormido. La verdadera estabilidad y recuperación solo serán posibles cuando se respete el Estado de derecho, cuando las instituciones sean independientes y cuando la justicia deje de ser un mecanismo de venganza política.
¿Estamos dispuestos a aceptar un «pragmatismo» que se traduce en perpetuar impunidad y engaño? O es momento de exigir claridad, compromiso real y acciones firmes que protejan el futuro del país, no de unos pocos.