Internet dio voz a todos, pero ¿y la ética desapareció?

Internet democratizó la voz, pero rompió el molde profesional

Hace 30 años, internet era solo un secreto militar. Hoy está en todos lados, incluso donde trae problemas reales: trata, pornografía, pérdida de tiempo. Pero donde más impacto tuvo fue en la comunicación: todos hablan, todos publican.

¿Quién es comunicador en esta era?

Antes, el rol estaba claro. El comunicador era alguien capacitado, con ética y responsabilidad. Hoy, cualquiera puede hablar ante millones sin filtro ni preparación. Internet cedió la voz a cualquiera. La frontera entre un periodista y un simple vocero de rumores se difuminó.

La ética profesional quedó atrás, y esto tiene consecuencias

Las reglas tradicionales de los periodistas son una ética corporativa, no una ética universal. Esto crea un activismo cerrado y hasta psicopatías éticas: solo es malo lo que ataca la propia agenda. El periodismo debe superar esta trampa, y adoptar una ética humana, de respeto al otro, válida para todos, no solo para el gremio.

¿Qué pasa si no hacemos esa transición?

El resultado es un ecosistema informativo saturado de desinformación, donde se confunden datos con charlatanería. Un público cansado y desconfiado, saturado de paternalismos y discursos inhumanos. Por eso crecen los discursos anticientíficos y la negación de evidencias. Y no solo en la política: incluso las instituciones, como la iglesia, sufren de cierres de mente y autoritarismos que rozan la psicopatía.

El periodismo que viene

  • Se apoyará en datos, sí, pero siempre necesitará al comunicador con ética y sensibilidad.
  • Necesita conectar la información con la humanidad, traducir datos en sentido para las personas.
  • Debe recuperar la autoridad no por estatus, sino por rigor y respeto universal.
  • Exige paciencia: la redefinición del comunicador no será rápida ni fácil, pero es imprescindible.

Este es el punto clave

Internet no es culpable; es la plataforma. El problema es la ausencia de un marco ético y la falta de madurez profesional para distinguir el mensaje valioso de la charlatanería. La comunicación puede sanar sociedades o perjudicarlas. La diferencia la marca la ética, la responsabilidad y el compromiso con la verdad, no el acceso libre a la voz.

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