Amnistía sin reformas: la ley que no cambia la realidad venezolana

La amnistía propuesta en Venezuela: ¿una solución verdadera o sóla un maquillaje legal?

La Asamblea Nacional debate una Ley de Amnistía presentada como camino a la «convivencia y paz». Pero una ley no basta si no rompe con el entramado legal que sostiene la persecución política.

¿Qué está en juego realmente?

Mientras permanezcan leyes como la Ley contra el Odio, la Ley Simón Bolívar, la Ley Antibloqueo y las que restringen la acción de ONG, el sistema seguirá criminalizando a la disidencia. La amnistía sin desaparecer esas normas es papel mojado.

Además, la facultad administrativa de inhabilitar políticos debe eliminarse para permitir una competencia electoral real y libre. Sin esto, la supuesta reconciliación será una fachada.

La guerra jurídica contra el adversario político

El Código Penal se usa para calificar expresiones políticas legítimas como “terrorismo” o “instigación al odio”. Este uso arbitrario y expansivo convierte al derecho en un arma para neutralizar cualquier pensamiento diferente.

Esta estrategia no es casual: sigue la doctrina del «derecho penal del enemigo», donde ciertos ciudadanos dejan de ser sujetos de derechos para ser enemigos a eliminar.

Lecciones que nadie quiere recordar

Esta lógica recuerda regímenes autoritarios donde la ley se distorsiona para justificar la exclusión y persecución política. El caso extremo es la Alemania nazi, donde el derecho fue subyugado a la voluntad política.

Cuando un gobierno define a sus críticos como enemigos, el derecho deja de proteger para perseguir. La amnistía, sin una reforma judicial profunda, sólo arrastra este problema.

El verdadero reto tras la Ley de Amnistía

No basta aprobar normas, sino que jueces y fiscales deben ser independientes y competentes para garantizar que la ley se aplique sin sesgos.

La amnistía debe proteger a todos los perseguidos políticos, no solo a quienes aparecen en una lista. Sin un sistema judicial autónomo, la ley será letra muerta.

¿Qué podemos esperar de aquí en adelante?

Si el debate no incluye una reforma judicial real y la eliminación del andamiaje legal represivo, la «amnistía» será solo un espejismo. La reconciliación exige que el derecho deje de ser un instrumento de exclusión y vuelva a ser garantía para todos.

Este no es un tema solo jurídico, sino de recuperación institucional y respeto al estado de derecho, sin los cuales la paz y convivencia quedan fuera de alcance.

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