Cuando la libertad se ejerce y no se implora: la lección olvidada de Gandhi y Guanipa

La libertad no se negocia, se ejerce

Hace más de un siglo, Gandhi puso en jaque a un sistema opresor con un gesto simple: rechazó la orden del juez que quería callarlo y expulsarlo. Ni pagó la fianza ni acató el mandato. Se levantó firme, delante de todos. Esa escena no es un acto romántico, es un modelo político que debería resonar hoy, especialmente en Venezuela.

Juan Pablo Guanipa: excarcelado, pero bajo cadena invisible

Tras meses preso, Guanipa salió en libertad… pero con las manos atadas: no puede salir del país y debe rendir cuentas ante tribunales arbitrarios cada 30 días. La Constitución garantiza el derecho a expresar ideas, pero el régimen lo mantiene en un silencioso cautiverio político.

Esa misma noche, hombres armados lo secuestraron nuevamente. Su hijo denuncia con razón: imponer callar a quien disiente es terrorismo político. ¿Qué miedo tiene el régimen a un liderazgo que no se doblega?

Excarcelaciones que son cortinas de humo

El patrón es claro y brutal: detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas, torturas y acusaciones sin pruebas. La excarcelación no ha significado justicia ni libertad real. Es un intento de silenciar y controlar.

El proyecto de amnistía y las liberaciones forzadas son respuestas a presiones internacionales, no gestos de reconciliación genuina. Mientras tanto, el poder que impone la represión sigue en las sombras, vigilante y dispuesto a actuar.

¿A quién le pertenece la política en Venezuela?

No a los voceros ni verdugos del régimen que persiguen y castigan la disidencia. La verdadera reconciliación exige:

  • Libertad plena para los presos políticos.
  • El fin de las restricciones arbitrarias a los excarcelados.
  • El derecho a participar en la vida política desde el exilio.
  • El levantamiento de inhabilitaciones políticas.
  • Garantías reales para la libertad de expresión y de acción de medios y organizaciones.

La desobediencia civil es un derecho, no un delito

Gandhi lo dijo hace más de un siglo: la desobediencia civil es inalienable para cualquier ciudadano. No se negocia con órdenes injustas ni amenazas. Guanipa lo demuestra en pleno siglo XXI.

Una libertad arrancada con excarcelaciones controladas no es libertad. El reto ahora es reclamarla sin miedo, como entonces, sin rendirse ni negociar silencios por un pedazo de libertad condicionada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Desplazarse hacia arriba