Hospitales de campaña extranjeros revelan el colapso del sistema de salud venezolano

Venézuela: La emergencia revela la cruda realidad sanitaria

Ramón Gutiérrez, un venezolano de 71 años, está esperando atención en un hospital de campaña japonés en Caraballeda. No es por preferencia, sino porque el sistema público de salud, tras décadas de abandono, no ofrece ni lo mínimo.

Las secuelas de los terremotos han dejado en evidencia lo que pocos quieren ver: los hospitales gubernamentales no cuentan con medicamentos básicos o insumos necesarios para curar cortaduras simples o administrar inyecciones. En ocasiones, los pacientes deben llevar desde vendas hasta jeringas propias para ser atendidos.

¿Por qué el país petrolero depende ahora de ayuda extranjera para emergencias médicas?

El hospital japonés funciona solo seis horas diarias, pero representa un alivio frente al colapso público. Equipado con máquinas para rayos X y ultrasonido, atiende a decenas de pacientes que de otro modo quedarían desamparados. Según Gutiérrez, los primeros en llegar después del desastre no fueron las autoridades nacionales, sino equipos de España, El Salvador y otros países.

Nancy Gallardo, de 73 años, también busca atención médica tras sufrir una caída el mismo día del doble temblor. Ella denuncia que los hospitales nacionales están saturados y sin medicamentos. La realidad es contundente: la ayuda internacional no solo es necesaria, sino que se ha vuelto imprescindible.

Medicinas, un lujo inaccesible

En Catia La Mar, otro hospital de campaña, esta vez salvadoreño, recibe pacientes que perdieron sus tratamientos por el temblor o simplemente no pueden costear medicamentos básicos. Aunque las farmacias tienen stock, la pensión promedio mensual de apenas 17 centavos de dólar hace imposible el acceso real a la salud.

El director médico del hospital salvadoreño confirma que reciben pacientes con necesidades urgentes post-terremoto, atendidos gracias a estas misiones internacionales que trabajan sin pausa, en contraste con la respuesta limitada del Estado venezolano.

Un sistema al borde del colapso estructural

La llegada de cientos de profesionales de más de diez países y la operación de hospitales de campaña han sido vitales para contener la crisis. Sin embargo, la Organización Panamericana de la Salud advierte que el sistema de salud venezolano ya enfrentaba años de restricciones, faltantes de insumos y una masiva fuga de profesionales sanitarios.

Lo que estos hospitales de campaña están evidenciando no es solo una emergencia puntual: es el desplome sistémico de un servicio público esencial. El gobierno venezolano no solo falló antes del desastre; su ausencia y la demora en responder han obligado a la comunidad internacional a cubrir un vacío que compromete la salud y seguridad de miles de venezolanos.

¿Quién asumirá la responsabilidad de la reconstrucción sanitaria?

La urgencia médica deberá continuar siendo cubierta por ayuda externa mientras no haya voluntad política y recursos para restaurar un sistema público en ruinas. La crisis actual puede profundizarse si el Estado sigue ausente y la infraestructura queda solo en manos de misiones internacionales temporales.

Esta no es una historia de solidaridad; es la cruda imagen del abandono estatal y sus consecuencias en la población.

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