La verdad oculta tras el sismo: el apagón del individualismo moderno

La sacudida que revela la fractura del individualismo moderno

El 24 de junio, un sismo estremeció Caracas y La Guaira. Pero la reacción no fue el esperado caos individualista sino todo lo contrario: quienes estaban juntos buscaron unirse aún más. En medio del peligro, emergió la necesidad inmediata de aferrarse al otro, con abrazos y palabras de agradecimiento que desafían el supuesto egoísmo social contemporáneo.

Rompiendo el mito de la vivienda «moderna»

La vivienda actual está diseñada bajo un marco colonial e individualista que privilegia el aislamiento y la propiedad privada. Sin embargo, cuando el suelo se mueve, esa estructura se quiebra y las casas se vuelven amenazas. Lo que emerge entonces no es el pánico previsto por los modelos europeos, sino una memoria ancestral que reactiva la comunidad y el parentesco extendido, base histórica de nuestra resiliencia en los territorios andinos y caribeños.

Una resistencia histórica que desafía la «modernidad»

Este instinto colectivo no es nuevo. Cinco siglos atrás, comunidades indígenas y afrodescendientes resistían frente a la fragmentación impuesta por la colonia. Esa memoria vive en prácticas cotidianas que reaparecen cuando la vida está en peligro. El saludo, el abrazo o la ayuda mutua son respuestas físicas que desarticulan el individualismo colonial y recuerdan que nadie sobrevive solo.

Lo que este sismo realmente expone

Frente a la fractura del suelo y la infraestructura, la verdadera defensa social no está en conteos fríos de daños ni en protocolos planificados. Surge una defensa primal y radical: el cuerpo colectivo que se ensancha para aguantar el golpe. La confianza y solidaridad que afloran evidencian que el verdadero soporte de la vida no es el cemento ni los muros, sino la red humana y más-que-humana que decidimos construir y no abandonar.

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